-La primera pregunta de rigor tiene que ser la tópica y típica, ¿quién eres y de qué se trata tu libro “Dentro de dos años”
Soy una autora leonesa, además de jurista laboral y profesora ocasional en la UNED. Empecé mi carrera literaria al publicar esta novela, Dentro de dos años, que básicamente es una re-escritura de los famosos juicios de Salem desde la óptica, a posteriori, del juez principal, algo inusual a la hora de tratar este tema. Se ha encuadrado en el género de ficción histórica porque no es un ensayo, sino que consta de una trama con elementos realistas y fantásticos, y explora algunos puntos muy interesantes. El juez vive toda una aventura y nuestro país es uno de los escenarios, pero no diré más.
-Gracias a “Dentro de dos años” en el año 2019 ganaste el premio “Ateneo Joven de Sevilla”, ¿Cómo te sentiste en aquel momento?
Me sentí pletórica, por supuesto. Comenzar una carrera literaria era un anhelo que tenía desde hacía años y este galardón fue mi trampolín. Procuro no quedarme en el premio, porque debo avanzar, pero es un recuerdo que siempre se quedará conmigo. Amé cada instante de la experiencia y aprendí muchísimo. Siempre recomiendo explorar la vía de los concursos literarios primero, aunque lleve tiempo y algunos intentos se queden en eso.
-¿Por qué decidiste centrar la novela en el personaje del Juez?
Las brujas en general siempre me han llamado la atención, quizá por el aura mágica y esa herencia norteña que nos acerca a esta figura, entendiéndola como una mujer poderosa a lo largo de la Historia. A medida que las estudiaba, llegué a las cacerías y cómo no, a Salem (que es la más famosa). Pero todas las perspectivas de esta historia estaban manipuladas y yo quise acercarme a la figura del juez para averiguar qué podría haber sentido, y acercar esta historia desde un punto más original y real. Siempre digo que en mi libro hay brujas y hay magia, pero no hay Sabrinas. Eso hace que algunos choquen con mi planteamiento.
-Sir William Stoughton, el juez de la historia es un personaje que existió realmente, ¿cómo fue el trabajo de documentación?, ¿Te obligaste a tener que realizar alguna licencia histórica que no fue de tu agrado para facilitarte la escritura?
Efectivamente, eso es lo interesante. Mi suerte fue que los juicios de Salem han sido ya muy estudiados anteriormente, entonces hay muchísima información disponible, aunque tuviera que leer libros, ver documentales o incluso estudiar historia de España en la época de las incursiones en las Américas. Casi todos los elementos de los diversos escenarios de la novela son reales, incluso un Hospital del que hablo. Pero toda la aventura del Juez es una invención, y su antagonista me obligaba a introducir el elemento fantástico, pero fue totalmente de mi agrado. De hecho, nunca pretendí sumergirme en el género histórico, pero me salió esa mezcla. Lo más difícil de la documentación, que quizá fue la parte aburrida, consistió en averiguar las ropas, el lenguaje y las costumbres de la gente en aquella época, y eso que no soy nada complicada en mis descripciones, pero un mínimo era necesario.
-¿Crees que en temática de brujería está muerta y falta de originalidad o puede surgir una nueva vertiente de historias originales como es en tu caso?
Bueno, como dicen: todo está inventado. Pero si yo he podido presentar esta historia, tan sumamente manipulada en el plano artístico durante tantos años, desde una visión diferente, ¿por qué no va a poder repetirse en otras historias? Estamos en el siglo de la recuperación, donde reivindicamos todo lo que ha sido invisibilizado, así que podemos revisarlo todo, no solo a las mujeres y otros asuntos, sino absolutamente todas las historias tal y como nos las han contado. Todavía hay gente que no sabe lo que eran las brujas inicialmente, ni siquiera lo que fue Salem. Y las últimas películas premiadas con el Goya eran producciones vascas de cacerías en esa tierra, porque sigue interesando enormemente. Lo que yo no quiero ver más, porque me aburre, es un grupo de chicas malas con poderes que descienden de las supervivientes… o esa trama evoluciona, o se queda en los Institutos (que tampoco sería malo).
-Unas de las sorpresas del libro es la unión de Salem con España, ¿fue un hecho histórico real o simplemente una trama argumental inventado por ti?
Nunca sucedió tal unión, sino que la misma parte de una tontería léxica: un simple nombre. Pero a partir de ahí creé toda la trama y resulta que de alguna manera, funcionaba para la mayoría de la gente. De alguna manera es también algo simbólico y táctico: acerco la historia a nuestras fronteras porque en nuestra cabeza Salem era algo muy americano, y paralelamente es un movimiento estratégico porque a mí me resulta más sencillo narrar sucesos en mi tierra y con mi gente.
-Según mi criterio, escribiste mucha crítica al patriarcado y el libro es una defensa feminista muy coherente y magníficamente bien llevada, ¿escribiste la novela pensando en poner dicha defensa y crítica o fue algo que surgió de forma natural mientras desarrollabas la historia?
Me alegra que se vea así, pero esa impresión no parte de una intención mía sino de la narración natural y real de los hechos. En mi novela no hay un alegato feminista directo o expreso, porque no hace falta: el lector sobre-entiende lo que estoy contando, lo que se esconde entre líneas. La historia de las cacerías y de cómo afectó a las mujeres es algo tan violento que es imposible de ocultar, y así debe ser. Había episodios muy potentes y los quise narrar porque es lo que atrae de ese capítulo tan negro de la Historia. No se puede entender su repercusión sin ellos.
- “Dentro de dos años” es su opera prima, ¿cómo se siente que su primer libro haya sido tan popular?
De alguna manera escribí esa historia sabiendo que algo así tenía que interesar, pero a la hora de la verdad no crees que vaya a ninguna parte, o al menos procuras no ilusionarte. Este proyecto de escritura se convirtió en algo muy personal porque lo hice muy lentamente, con mucho mimo y mucha tranquilidad. Lo que de verdad me sorprende y me enorgullece es ver el interés que tuvo la gente en una obra literaria, y cómo he llevado yo todo el proceso. En mi camino no he encontrado aún gente que me haya sangrado en una crítica o que me lo haya hecho pasar mal. Las reseñas negativas tenían sus motivos y te ayudan a entender cómo funciona esto, pero han sido muy respetuosas y las he agradecido. En general todo ha sido muy bonito.
-¿Qué ha significado para tí la literatura a lo largo de tu vida?
Bueno, no diré lo típico de que siempre quise ser escritora o que vivo para ello, porque ninguna de las dos cosas son verdad. Yo crecí leyendo, y lo demás vino después, así que la literatura es una gran piscina en la que yo me zambullo continuamente, y me da la habilidad de viajar a sitios que no podría ver jamás. No hay nada más interesante que eso, en mi opinión. Con el tiempo, todas las respuestas a la conducta y el pensamiento humano están, de alguna manera, en la literatura. Es a la vez algo tan accesible y que ofrece tantísimo, que es pecado no aprovecharla.
-¿Como ves el mundo literario en España, tanto a nivel lector como a nivel autor?
A nivel lector, estamos por debajo de otros países, pero con las redes sociales resurgen las comunidades de lectores. Algunos grupos se interesan por clásicos, otros solo por best-sellers, y otros por un mix o solo por un género. Lo importante es seguir motivando, y el sistema educativo no termina de encontrar la fórmula, pero la costumbre de leer tiene que venir también de casa. Es una forma perfecta de tener entretenidos a los niños, por otra parte. No se fomentan suficiente las bibliotecas o los clubs de lectura, por ejemplo.
Respecto a los autores, tampoco somos el mejor país. Se publican demasiados libros que no han pasado por un proceso adecuado de revisión creativa, habiendo mucha tendencia a la autoedición a carreras, y nuestra herencia es débil en algunos puntos. Los porcentajes de ganancia son ínfimos, el marketing muy duro y agresivo (tenemos un mercado copado por dos grandes editoriales), mucho intrusismo, pocas oportunidades de traducción… entre otras cosas.
-¿A qué dificultades os enfrentáis los autores jóvenes?
Nuestra visibilidad y continuidad, sobre todo. Ahora el marketing se lo hace el autor prácticamente, y tienes que combinar ese esfuerzo con el de iniciativa, nuevos escritos para presentar y posiblemente, otro trabajo que sí te dé de comer. Nunca sabes cuál va a ser tu futuro y si tu próximo libro, de publicarse, alcanzará las expectativas o te hundirá. Pero bueno, el mercado es así, por eso yo muchas veces reivindico que la literatura y la escritura no son lo mismo, y que el arte y el mercado literario son enemigos naturales.
-¿Cuáles han sido esos autores, libros e incluso películas que han influenciado de alguna manera o otra a la creación de “dentro de dos años”?
Bueno, a parte de mis autores de infancia y juventud, diría que Ann Rice, Laura Gallego, El Crisol de Arthur Miller y algunos escritos en inglés han tenido más influencia en la obra. Al menos de cara al tema y el estilo. Y no concreto los anglosajones porque eso me lo dijo un periodista, y a pesar de que sí leo en inglés de vez en cuando, nunca llegué a saber dónde se notaba tanto.
-”Dentro de dos años” tiene un ritmo y una historia perfecta para ser llevada al cine o en su defecto alguna miniserie, ¿te plantarías la posibilidad de llevarla a la pequeña o gran pantalla si alguna productora estuviera interesada en tu obra. ¿Si es así qué elenco (dando igual nacional o internacional) te gustaría ver en los personajes principales?
Siempre me dio esa impresión y me encantaría, aunque después de escuchar historias sobre las adaptaciones desde dentro, le tengo respeto al tema. Realmente te la juegas en ese aspecto, aunque sea emocionante la idea de pasar a la pequeña o gran pantalla. En cualquier caso, mi padre siempre dice que Robert de Niro es su William Stoughton, y yo no lo cuestiono. La verdad es que nunca me he planteado qué elenco elegiría más allá de este actor, pero la mirada malvada de Hopkins o Aaron Taylor-Johnson me llaman para los antagonistas; y a María la tendría que encarnar una española, como Penélope o Silvia Abascal, aunque por ganas elegiría a Elena Anaya, que muchas veces se olvidan de ella y es impresionante. Pero bueno, también me apetecería ver nuevas caras, ¿no?
-¿Cuáles son esos autores que admiras y ese libro que siempre estará en tu corazón?
Bueno, realmente siempre me voy a los juveniles de mi
época, como Laura Gallego o María Gripe, y ahora me
apetece abrir horizontes, explorar generaciones de
autores que hayan “jugado” más con el lector
engañándole o haciéndole sentir cosas muy profundas,
angustiosas incluso. Por otra parte, siempre adoré a
Carlos Ruiz Zafón y ahora es una leyenda para mí y para
todos. Si quieres que sea más concreta, te cuento: el libro
que me enseñó cosas sobre el amor fue Carolina de Iva
Prochazkova; el que me introdujo en la desgracia Malas
tierras de Jordi Sierra i Fabra; el que me hizo encantarme
con la fantasía, El Mar de los Trolls de Nancy Farmer; y el
libro que me hizo interesarme por estos juegos con el
lector, Irlanda de Espido Freire. En las lecturas en inglés,
Agatha Christie sería mi favorita, y ella me enseñó que las
historias más sencillas pueden ser las más complicadas
en un principio. De clásicos españoles, La Casa de
Bernarda Alba tuvo un impacto en mí, y tengo buenos
recuerdos leyendo adaptaciones del Quijote con mis
hermanas. Sobre obras más filosóficas, todo empieza con
Hamlet de Shakespeare.
-¿Qué consejo le darías a alguien que es novato en este mundo y quisiera publicar de manera tradicional?
Primero, que lea mucho. Escribir no puede ir antes que la
lectura. Y luego, mucha revisión. Considero que hay un
orden de vías a agotar, y se deben intentar todas antes de
decidirse por la autoedición, porque hay muchas estafas
en este campo. También es importante estar a gusto con
lo que se ha creado, y trabajar sobre algo que de verdad
nos guste, porque al menos en mi caso lo forzado no sale
bien.
-¿Nos puedes contar algo de tu próximo libro/proyecto?
Tengo varios en mente: otra novela, en la que me gustaría
plasmar una vivencia personal o inspirarme en un
aspecto de mi vida muy concreto, y algunas colecciones
de relatos que tengo en el cajón. Claro que a la larga me
gustaría hacer muchas más cosas, pero me encuentro
agotada por unas oposiciones en las que ando metida. En
cualquier caso, quiero seguir innovando, ofreciendo
cosas originales al público en un periodo de año-año y
medio.
-¿Alguna anécdota con la literatura de fondo?
Bueno, no tengo muchas pero casi todas pertenecen a la
gira que hicimos del Ateneo. Fue gracioso porque gané
con Mañas, el autor de Kronen, y hacíamos un tándem
interesante. Yo me metí en su mundo de los 90 y él se
recreó en mi edad, que fue más o menos la que tenía él al
comenzar su éxito. Es curioso porque ahí me di cuenta de
que las nuevas generaciones tenemos que seguir
recordando las “viejas” obras, tenemos un papel
determinado para con la literatura, porque yo ni siquiera
conocía a la “Generación Kronen”. Otras anécdotas
tienen que ver con el tiempo que pasé trabajando en la
biblioteca de la facultad, en la que aprendí trucos sobre la
gestión de libros y cómo hacer para que no los roben.
-¿Un consejo para que la gente que no es amiga de las letras empiecen a darle una oportunidad a la lectura?
Bueno, realmente los best-seller tienen ese objetivo:
hacer que gente que no suele leer, lea. Por eso yo no
estoy en contra de los súper ventas, además creo que en
ocasiones son muy merecidos y es positivo comenzar por
ellos. Todo es empezar, y luego solo depende de la
ambición por conocimiento que tenga la persona.De la
misma manera, hay gente que siempre lee las mismas
cosas y no avanzan en ese sentido, no tienen un gusto
exquisito porque ni siquiera desean desarrollarlo. Pero es
que lo bueno de la lectura es la libertad y el intimismo que
ofrece. La literatura y el sector literario funcionan con
reglas muy extrañas pero muy humanas, al mismo
tiempo.
-Me consta porque me ha pasado personalmente, eres una escritora que siempre tiene buenas palabras para los reseñadores y nos halaga y comprende que somos una parte importante de difusión de la novela por redes sociales. Por la parte contraria hay autores que nos tachan de niñatos que no tenemos ni puta idea y casi nos escupen a la cara de forma metafórica. O también como ha pasado en mi caso, de un principio no tratarme bien del todo pero cuando se han enterado que no tengo los 20 años y estoy más cerca de los 40 me han empezado a tratar con respeto, ¿qué opinas de esos escritores que dignifican tanto el trabajo (la mayoría de forma gratuita) de las cuentas de Instagram/facebook reseñadoras?
Bueno, por supuesto que sois una parte esencial, y cada
día más. Pero es que el lector siempre ha sido el centro de
todo esto, y el simple hecho de que dediquéis tiempo a
leerme, o incluso que os intereséis por mí ya merece todo
mi respeto. Y como digo, siempre he agradecido la
sinceridad, al final tú lanzas un producto al mercado y
debes ser consciente de estas cosas. Las editoriales ya
suelen reservar algunos ejemplares para este tipo de
colaboraciones, pero yo incluso he llegado a mandar
algún libro costeándolo yo misma, porque es un gran
empujón que me dan al comienzo de mi carrera y me
divierte ver las reacciones. Sobre los escritores que no
dan feedback o que no tratan bien a la comunidad,
personalmente no lo entiendo. Ni siquiera estando en los
primeros puestos es justificable, y nunca se debe
desmerecer o infravalorar la capacidad de un lector. Sí es
cierto que hay de todo: gente que hace una crítica muy
breve, gente que confunde reseña y crítica, gente que no
tiene tacto, gente que solo busca llegar a su récord en
goodreads… pero no son una mayoría y es el ejercicio que
ellos hacen de su libertad. Sobre la edad, es una bobada,
yo creo que la madurez literaria no depende de eso sino
del bagaje que uno vaya teniendo… y la intuición personal
de cada uno. Fíjate, yo últimamente confío más en los
rankings (de mejores libros) que hagáis vosotros que en
los que salen en los periódicos digitales, porque vosotros
no le rendís cuentas a nadie ni habláis según acuerdos, y
estáis llenos de realidad, no de fachada.
-Como última pregunta, “Dentro de dos años” está recibiendo multitud de halagos, ¿cómo se siente con tales halagos? ¿Unas palabras para todos los que hemos disfrutado y admiramos esta novela?, ¿y otras para aquellas personas que están en duda en leer su libro?
Pues me siento muy, muy agradecida y sobre todo,
comprendida. Yo me lancé a enviar esa novela porque
creía en ella, y si bien es cierto que con el tiempo he ido
sacando mis propios errores, sigo pensando que vale la
pena, pero la confirmación sois todos aquellos que me
dedicáis palabras de halago. Leeros me ha cambiado los
días y no tenéis idea del impacto tan positivo que habéis
tenido en mí. Sobre los que dudan, pues que se fijen en
las palabras clave que he ido dando y que acudan sin
prejuicios ni ideas previas sobre la trama. Es un viaje por
la historia, la fantasía, aquellos relatos tradicionales
sobre los pactos con quien no deben, una lectura en
clave del movimiento feminista y la brujería, un retrato
sobre el hombre arrepentido, una oportunidad para
entender el pasado… tiene muchas cosas. Muchas gracias
por esta entrevista, ha sido amplia y entretenida.


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